martes, 15 de septiembre de 2015

Crecimiento y reformas

Por Joel Cruz Cotero

"Nos comprometimos a Mover a México, a sacarlo del estancamiento, por eso hicimos las Reformas."

Enrique Peña Nieto, Presidente de México


No es nada nuevo que, al observar el ingreso per cápita de México y otros países desde 1950 hasta 2011, se encuentren patrones distintos en cada uno de los casos. ¿Qué es lo que se ve? México tuvo un crecimiento más o menos sostenido hasta la década de los ochenta —fenómeno que fue similar en casi toda América Latina—; después, el crecimiento fue mediocre. Estados Unidos ha tenido un crecimiento sostenido estable. China y Corea del Sur tuvieron un gran crecimiento económico —Corea rebasó a México y está alcanzando a Estados Unidos. En cambio, Venezuela tuvo un crecimiento marginal. Por último, Nigeria tuvo incluso un decrecimiento considerable —como seguramente sucede en muchos países africanos.

PIB per cápita (logaritmo) de 1950 a 2011 para México, Estados Unidos, Corea del Sur, China, Nigeria y Venezuela (Elaboración propia con datos de Penn World Tables 8.1)


¿Qué explica estás diferencias? De acuerdo con las teorías neoclásicas del crecimiento, el motor del crecimiento económico sostenido es el cambio tecnológico. Estas teorías argumentaban que la inversión en maquinaria y en capital humano sólo ayudaría al crecimiento cuando el país se encontraba en desarrollo y todavía no llegaba al equilibrio. Es decir, un país en desarrollo debía invertir en maquinaría y en la escolaridad de sus trabajadores, y un país desarrollado debía innovar en tecnología para continuar creciendo. Sin embargo, con el paso del tiempo, la grandes inversiones en capitales físico y humano no rindieron fruto de igual forma en todos los países. ¿Por qué? Porque las instituciones eran distintas y éstas cambian todos los incentivos en los mercados.

El crecimiento económico en México no es, para nada, como el de Estados Unidos y parece que está muy lejos de serlo. Al comparar a México con Corea del Sur, podemos inferir que hay algo que está funcionando en Corea —y no en México—, pues este país asiático se está acercando a pasos agigantados al titán americano. Ahora bien, México ha tenido un mejor desempeño que Venezuela y Nigeria, pero no vale la pena presumir que hay países en peores situaciones —como alguien lo mencionó hace poco. Lo interesante es ver qué cambios se han hecho y qué cambios faltan.

William Bernstein, en su libro The Birth of Plenty,[1] argumenta que el crecimiento de la riqueza se ha basado en el buen financiamiento, y que la existencia de recursos naturales no sostiene el crecimiento económico en el largo plazo. El autor menciona que el crecimiento económico sostenido tiene cuatro prerrequisitos: 1) los derechos de propiedad bien definidos, 2) el método científico, 3) el financiamiento para el desarrollo de nuevas tecnologías y 4) la infraestructura de comunicaciones y transportes eficientes. Los países desarrollados, como Estados Unidos y el Reino Unido, fueron fortaleciendo todas estas condiciones a lo largo de su historia; al final del día les permitió tener un crecimiento económico adecuado.

En cambio, en México se ha trabajado en grandes reformas transformadoras con las que se plantea mejorar el desempeño económico del país. Sin embargo, aunque sí son importantes y necesarias, no van a ser suficientes si no cuenta con los prerrequisitos que Bernstein mencionó. En primer lugar, para que los derechos de propiedad sean garantizados, es menester que se fortalezca el Estado de derecho; si éste es débil, los contratos celebrados serán mucho más costosos, ya que habrán más requisitos y candados para asegurar que las partes interesadas cumplan. Por ejemplo, es muy difícil que un banco haga un préstamo a una empresa sin que la segunda deje un bien en garantía; en otros países, este requisito casi nunca es necesario. De igual manera, es importante trabajar en transparencia, pues la corrupción incrementa los costos de transacción.

En segundo lugar, con respecto al método científico, México no tiene grandes problemas, pues el conocimiento generado, desde hace ya mucho tiempo, se ha basado en la razón —y no en cuestiones dogmáticas. Probablemente sólo existen algunas controversias sobre libertades que se siguen justificando en creencias religiosas.

Más interesante, en tercer lugar, hay mucho trabajo que hacer para que mejore el financiamiento para el desarrollo de nuevas tecnologías. Por un lado, se tiene que invertir mucho más en los centros de ciencia y tecnología, y fomentar la producción de más patentes, por supuesto que esto no implica descuidar la educación básica —que por cierto es donde se debería de encontrar el nuevo talento. Por el otro lado, es necesario que se faciliten créditos y subsidios para la creación de nuevas empresas, ya que éstas son las que se van a encargar de las innovaciones; recordemos que muchas de estas firmas no sobreviven, pues no logran asumir los riesgos que enfrentan y la falta de buenos financiamientos, sobre todo, en sus primeros años.

Por último, en cuarto lugar, está la disponibilidad de infraestructura en comunicaciones y transportes. Sin buenos conectores, los mercados no pueden dejar de ser locales para ser nacionales —y mucho menos internacionales. Los gobiernos federal, estatal y municipal invierten mucho en caminos y transporte, sin embargo, la obra pública en el país está profundamente ligada a intereses políticos e individuales. Si tomamos, por ejemplo, el nuevo tren México-Toluca, es claro que es un proyecto viable y con grandes beneficios sociales, mas ¿es el proyecto más eficiente? Habría que preguntarle a un proyectista, pero me imagino que seguramente no, y las decisiones de llevar a cabo el proyecto fueron sesgadas por los intereses políticos. De igual manera, las telecomunicaciones no pueden avanzar mientras no se permita una correcta competencia; mientras unas pocas compañías bloquen la entrada de nuevos competidores, no van a existir los incentivos para que existan mejoras sustantivas. Hoy por hoy, le doy la bienvenida a AT&T, quien será un competidor diestro de las compañías de celulares que ya están establecidas en el país; sólo espero ver avances con la televisoras y con las compañías telefónicas pronto.


Las reformas del Presidente Peña son buenas, pero no son suficientes. No le puedo aplaudir la insensibilidad, la mala comunicación y corrupción que ha existido en la administración peñista. Sin embargo, soy un optimista y lo que menos desearía para el país es que le saliera todo mal a la actual administración, ya que eso implicaría que le iría mal a México. Ahora bien, también hay que poner los pies en la tierra, el Presidente Peña y su equipo no pueden confiar ciegamente en que las reformas van llegar a tapar los agujeros creados, y mucho menos si no están asentadas las bases para que funcionen éstas adecuadamente. México no se va a mover nada más con buenas voluntades, se tienen que cambiar las instituciones que sean necesarias.

Publicado el 02 de septiembre de 2015 en masdimensiones.com



[1] William Bernstein, The Birth of Plenty: How the Prosperity of the Modern World was Created (Estados Unidos: McGraw-Hill, 2004).

   

Independencia institucional

Por Joel Cruz Cotero

“El PVEM violó la ley, por eso fue sancionado, lo hizo de manera grave y por eso fue sancionado gravemente. Pero el conjunto de ilícitos en los que incurrió a lo largo de estos meses, no puso en riesgo, ni el sistema de democrático, ni al estado constitucional.”

Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del INE

En este mes ocurrieron dos sucesos que mostraron la ineficiencia, de nuestras instituciones, y la falta de poder en la ley de nuestro país. En primer lugar, el 12 de agosto, el Instituto Nacional Electoral (INE) rechazó la solicitud para retirar el registro al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), auspiciada por el hecho que a lo largo de las campañas electorales de este año, el PVEM violó constantemente las leyes electorales. Por otro lado, el 21 de agosto, Virgilio Andrade, Secretario de la Función Pública, declaró que no hay conflictos de interés en tres compra-ventas de inmuebles, por parte del Presidente Enrique Peña Nieto, su esposa Angélica Rivera y el secretario de Hacienda Luis Videgaray; al final, la investigación sobre los conflictos de interés no pareció convincente.

Con este tipo de acciones, no debería sorprender que los mexicanos no tengan confianza en sus instituciones. Según una encuesta del periódico Reforma, que publicó el 4 de agosto, 72% de los mexicanos tiene poco o nada confianza en el Gobierno del Presidente Enrique Peña, 61% en el INE, 69% en el Congreso, 70% en la Suprema Corte y 82% en los partidos políticos. Notar estos niveles de desconfianza muestra que es necesario un cambio institucional de manera urgente, y sinceramente, no creo que una disculpa del Presidente vaya a cambiar la sensación de los mexicanos, y mucho menos la actitud hacia las instituciones. El diagnóstico es claro, los ciudadanos mexicanos no están conformes con sus instituciones; lo que no es tan claro, es qué se va a hacer para cambiar la dinámica institucional.

No es coincidencia que el INE y Virgilio Andrade hayan decido a favor de la impunidad y en contra de la correcta aplicación de las leyes. La verdad es que ambos tenían los incentivos para hacer lo que hicieron. No es que el Secretario y los consejeros tengan mentes perversas, pero, como cualquier actor económico, actuaron de acuerdo a la rendición de cuentas que debían hacia sus jefes —el INE al Congreso y los partidos políticos, el Secretario de la Función Pública al Presidente Peña— y a las limitaciones que tienen en cuanto a la ejecución y sanciones, por las leyes y códigos.

El hecho de que los consejeros del INE sean electos por dos terceras partes de la Cámara de Diputados,[1] y esta Cámara tenga la facultad para removerlos —tal como sucedió con el Consejero Presidente y otros consejeros en 2007—, otorga poder al Congreso y a los partidos políticos sobre las decisiones de los consejeros. De igual forma, cualquier miembro, de cualquier gabinete del mundo, le rinde cuentas al jefe de gobierno, pues éste lo designa y tiene la capacidad de removerl;, Andrade no es la excepción.

Así, si se ve que las instituciones no están funcionando adecuadamente y que los incentivos están mal alineados, entonces ¿por qué no se cambian las reglas? Nuestros legisladores deben darle verdadera autonomía al INE, y legislar en torno a la resolución de conflictos de interés, estructurando una institución ajena e independiente a los actores involucrados. Bien decía James Madison, en el Federalista 51, que “la ambición debe ponerse en juego para contrarrestar a la ambición”, y para que unos se puedan revisar a otros, debe existir un adecuado sistema de pesos y contrapesos en donde la independencia institucional es clave. Es cierto que Madison, y los Federalistas, se referían a la separación del Ejecutivo, Legislativo y Judicial, sin embargo, la construcción institucional también es muy útil en la independencia de los organismos autónomos existentes en México. Para que se logré esta independencia es necesario que el INE tenga facultades para ejecutar y aplicar la ley correctamente sin que existan represalias de los partidos políticos; en consecuencia, los diputados no deberían elegir a los consejeros electorales —una opción para elegir a los consejeros podría ser mediante el sorteo de candidatos que cumplan ciertos requisitos— y, mucho menos, deberían de tener el poder para removerlos. En tanto, los conflictos de interés, en donde miembros del Ejecutivo estén involucrados, deberían ser investigados y juzgados por el Congreso de la Unión, o más bien, por la Suprema Corte.

Por supuesto que la independencia institucional no es el único cambio que necesitan nuestras instituciones, pero sí sería uno que ayudaría, bastante, a mejorar la eficiencia y los resultados de las actuales instituciones —y así, seguramente, los ciudadanos tendrían más confianza en éstas. Ya se está tocando fondo y momento de diseñar reformas políticas mucho más serias.


Publicado el 26 de agosto de 2015 en masdimensiones.com



[1] Apartado A, base V, artículo 41 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Sobre cómo decidí apoyar las adopciones para parejas gay

Por Joel Cruz Cotero

Vista ley en su conjunto, me parece que parte de una de las premisas más siniestras que ha tenido el derecho moderno, y es la premisa de ‘separados pero iguales’.

Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Ministro de la SCJN

Desde hace mucho tiempo me he considerado una persona completamente liberal. Sin embargo, han existido algunos temas en los que he sido un poco reacio a que se cambie el status quo. Particularmente, estos temas han sido el aborto, la pena de muerte y las adopciones homoparentales. En todos estos casos, he defendido mis posiciones con argumentos que yo consideró moralmente válidos, y siempre he intentado mantener los dogmas lo más alejado posible. Aparte, mi ideario siempre ha estado evolucionando por mis contantes reflexiones y la deliberación de ideas con otras personas —práctica que he defendido y promovido. Dicho esto, hoy en día, solamente estoy parcialmente en contra del aborto, y quiero aclarar que mis argumentos con respecto a este tema siguen siendo en pro de la libertad.

Mas, en esta ocasión quise escribir sobre cómo, de no estar de acuerdo con las adopciones homoparentales, hoy estoy completamente a favor de éstas. En principio, apoyé los matrimonios entre personas del mismo sexo, pues era lo correcto y justo, ya que de acuerdo con los ideales liberales —principalmente las ideas de John Stuart Mill—, el Estado no debe limitar a los individuos, en cuanto no atenten contra un tercero, ya que es donde termina la libertad del primero. En este sentido, una persona (o una pareja) es libre de casarse con quien mejor le plazca pues, dicha decisión no afecta a nadie más que aquel que tome ésta.

Sin embargo, en la misma línea argumentativa, yo tenía un problema para apoyar las adopciones homoparentales: el adoptado ya contaba como un tercero. Me causaba mucho ruido el posible daño psicológico que podría sufrir este adoptado; no hablo sobre los padres (quienes seguramente le darían una educación ejemplar), sino por el resto de la sociedad conservadora de México. En esta circunstancia, el adoptado ya estaba afectado por una decisión ajena a él (o ella). Seguramente, en una cuantas décadas, la sociedad se iba a hacer más tolerante, y entonces este problema que tenía iba a desaparecer. Así, las cosas serían distintas. Sin embargo, no me parecía pertinente apoyar que se legislara a favor con las circunstancias actuales.

Ahora bien, lo interesante es: ¿qué fue lo que hizo que cambiara mi posición? Todo fue de forma progresiva. Para comenzar, una vez estando comiendo con un par de amigos, justo cuando acaban de aprobar los matrimonios entre personas del mismo sexo y las adopciones homoparentales en la Ciudad de México, nos pusimos a platicar sobre el tema. Yo estaba feliz —y de acuerdo— con el primer cambio legislativo, pero no con el segundo —por las razones que mencioné anteriormente. No obstante, mi gran amiga, Gabriela Anzo, comentó que estaba bien que se hubieran aprobado las adopciones homoparentales, pues la sociedad se iba a ver en la necesidad de cambiar, si y sólo si, se enfrentaba a un shock, —como en este caso eran las recién leyes aprobadas. Tenía toda la razón y me dejó mucho que pensar. A partir de este día mi posición pasó a ser incierta.

La segunda gran transformación fue reciente. De hecho, todo cambio (como la canción), cuando leyendo en las redes sociales, me enteré que el Congreso de Campeche había prohibido la adopción de menores a las parejas del mismo sexo. Ante dicha situación, el 11 de agosto de 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la norma aprobada por la legislatura campechana, ya que consideraba que era discriminatoria. A partir de este día, la adopción homoparental iba a estar permitida en todo el país, y al igual que mi amiga, los ministros tenían razón en defender esta cuestión.

Con lo dicho por los ministros, yo recordé a Montesquieu, quien dijo que:

En un Estado, es decir, en una sociedad en la que hay leyes, la libertad sólo puede consistir en poder hacer lo que se debe querer y en no estar obligado a hacer lo que no se debe querer. Hay que tomar conciencia de lo que es la independencia y de lo que es la libertad. La libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permitan, de modo que si un ciudadano pudiera hacer lo que las leyes prohíben, ya no habría libertad, pues los demás tendrían igualmente esta facultad.[1]

En este sentido, para Montesquieu, la libertad se basa en que las leyes establecidas sean las mismas para todos. De manera que las leyes que son para unos, tienen que ser para todos; entonces, si la adopción se le permite a unos, se les tiene que permitir a todos.

Con esta nueva reflexión, ahora creo que, en efecto, si una ley discrimina, debe hacerlo con todos, de lo contrario no lo debe hacer con nadie. Lo que hizo la legislatura campechana era discriminatorio, y la Suprema Corte actuó bien en defender las garantías individuales del grupo minoritario afectado. Tal como dijo el ministro Ortiz Mena, lo que habían aprobado en Campeche era la falacia de que es correcta una ley que promueva la idea de “iguales pero separados”, como pasó en Estados Unidos, antes de los años sesenta, o en Sudáfrica con el Apartheid. En todos estos casos, la discriminación hacía que las leyes no promovieran la libertad por lo que no podían estar justificadas.

Ahora, esta decisión es probable que no quite los daños psicológicos y sociales del adoptado; sin embargo, también un niño adoptado podría sufrir estos daños si el caso se diera con otros grupos minoritarios y marginados. ¿Estaría justificado que se le prohibiera tener hijos adoptados a minorías religiosas como testigos de Jehová? Pensando en este ejemplo, estos niños también iban a ser discriminados por la sociedad, y nunca he oído que se les prohíba a algún tipo de parejas adoptar, salvo en el caso que los integrantes de ésta sean mismo sexo. Y en realidad se podría encontrar tantos alegatos para que los niños adoptados tuvieran problemas psicológicos como para prohibir la adopción en sí, pero ya sería demasiado. También, ahora considero que los daños a los menores son más bien colaterales que deliberados, por lo que no existe razón por la que sea aceptado crear leyes paternalistas que en realidad terminan por discriminar.

Por último, si alguien está tan preocupado por si es correcta (o no) la decisión de adoptar, ésta debe ser analizada nada más por aquellos que estén dispuestos a hacerlo. Los pros y los contras deberán ser analizados por las parejas interesadas y por nadie más. El estado y la sociedad no tienen vela en el entierro sobre este juicio. Las cuestiones éticas y morales deben quedar en lo privado, y el Estado sólo deberá garantizar los derechos de sus ciudadanos. Ya lo único que me queda mencionar es que aplaudo nuevamente la decisión de la Suprema Corte que tomó apenas hace unos días permitiendo que cualquier pareja pueda adoptar a un menor de edad.

Publicado el 20 de agosto de 2015 en masdimensiones.com


[1] Charles Louis De Secondat Baron de Montesquieu, Del Espíritu de las Leyes, traducido por Mercedes Blázquez y Pedro de la Vega (España: Tecnos, 2007), libro XI, cap. 3, 173-4.

Club de Cuervos

Por Joel Cruz Cotero

“La pregunta no es quién va a dejarme, la pregunta es quién va a detenerme”
Ayn Rand


La semana pasada, Netflix estrenó la miniserie, creada y producida por Gary Alazraki, Club de Cuervos. Esta divertida y original serie es la primera producción en habla hispana que se realiza en una plataforma digital, y al haberla disfrutado tanto me pareció que valía la pena escribir sobre ella. Además, creo que, de vez en cuando, hablar de algo distinto no le hace daño a nadie.
La serie cuenta la historia de dos hermanos, Salvador “Chava” Iglesias Jr. (Luis Gerardo Méndez) e Isabel Iglesias (Mariana Treviño), que a la muerte de su padre, Don Salvador Iglesias, dueño del club de fútbol “Los Cuervos”, empiezan a disputar un juego de poder por el control del equipo de su fallecido padre. Con una gran genialidad, la historia muestra cómo estos dos personajes van tomando decisiones y cometiendo error tras error, bloqueándose en algunas ocasiones entre sí, y utilizando todos las ases que tienen bajo la manga para salirse con la suya. El gran problema surge cuando, en esta lucha de titanes, los Cuervos se ven afectados debido a las constantes disputas entre los directivos y dueños del equipo. No quisiera decir más detalles pues no me gustaría ser todo un spoiler.
Ahora bien, ¿qué es lo que hace extraordinaria esta serie? Fuera de que la producción y las actuaciones fueron sublimes, hay tres factores por los que yo consideré a esta serie una magnifica producción. Primero, y sin tener que ser expertos en política o economía, en Club de Cuervos se puede apreciar cómo los personajes, cada uno en su propio ring, hacen alianzas, traicionan, piensan estrategias y realizan planes con el fin de lograr sus objetivos. Los fines son varios, como afianzar parte de la herencia de Don Salvador; controlar la presidencia del equipo; innovar al equipo; diseñar las estrategias de los partidos; y, por supuesto, ganar un partido y entrar a la liguilla. Lo bonito de esta serie es que es posible divertirse con estos juegos de poder, sin tener que hablar de partidos políticos y gobernantes.
En segundo lugar, no escribí por accidente un tuit en el que declaré que Chava Iglesias se había convertido en mi nuevo héroe. Sí es cierto que el personaje era carismático y muy simpático, pero no fueron estas las razones por las que yo escribí aquel tuit. Chava era un junior, y conforme fueron pasando los episodios fue, una y otra vez, intentando —muchas veces con éxito— imponer sus alocadas ideas, sin escuchar a nadie y sin pensar en las posibles consecuencias. No quiero que se me malinterprete, y se piense que me caen bien las personas autoritarias, pues eso es algo imposible, pero si me gustó mucho la actitud y el deseo de Chava de arriesgarse a implementar nuevas y extravagantes ideas. En cierto modo, la inspiración hacia Chava fue por el simple hecho que me recordó que, muchas veces, se deben tomar riesgos, y que el hecho de apostar por algo nuevo y creativo puede ser lo que se necesita para resolver un problema.
Por último, hay que recalcar que la serie es un producto mexicano. Los productores y lo actores lograron mostrar parte de la idiosincrasia de nuestro país —que sin duda, siempre me hace reflexionar— de una manera nada aburrida. Siendo una serie de un equipo de fútbol, obviamente se tenía que exponer la importancia del fútbol en la mente de los mexicanos. Sin embargo, la serie consiguió retratar otros aspectos del México de hoy. Por una parte, se mostró que el contexto de la historia fue en una sociedad conservadora, reflejado principalmente en la lucha de Isabel en un mundo machista por alcanzar sus metas, que eran las mismas que las de su hermano, y también, en los problemas que tuvo que enfrentar el jugador Aitor Cardoné, y Chava al respaldar a su jugador, cuando salió a la luz que éste jugador era aparentemente gay. Por otro lado, no podía faltar la representación de la corrupción, la falta de regulaciones y los gobiernos populistas. Al final no me quedó duda, que aun siendo ficción, Club de Cuervos sólo podría suceder en México.
Dicho lo anterior, Club de Cuervos es una serie que me encantó y que les recomiendo que la vean. Les garantizó que una vez que empiecen a verla no la van a poder dejar y van a lamentar que sólo sean 13 capítulos. No necesariamente la tienen que analizarla con gran profundidad para entenderla y disfrutarla, es posible nada más verla. Como yo, la podrían ver en dos días o se la pueden llevar con más calma, pero si es una serie que tienen que ver.

Publicado el 11 de agosto de 2015 en  masdimensiones.com

lunes, 3 de agosto de 2015

#JusticiaParaRubén

Por Joel Cruz Cotero

“Pórtense bien, todos sabemos quiénes andan en malos pasos, todos sabemos quienes tienen vínculos y quienes están metidos con el hampa”
Javier Duarte, Gobernador de Veracruz
(30 de junio de 2015)

En el Leviatán del filósofo inglés Thomas Hobbes, el autor habla sobre cómo los hombres en un principio vivieron en una situación de anarquía total, en donde no existía el Estado ni habían ningún tipo de reglas fuera de las leyes de supervivencia. Para Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”, y en el estado de la naturaleza, los hombres viven en una “guerra de todos contra todos”. En este sentido, los hombres con el fin de vivir sin inseguridad deciden juntarse y firmar un contrato social para formar un estado (al que Hobbes denomina Levitán refieriendose al monstruo bíblico). Los hombres renuncian a su derecho a autogobernarse para que un solo soberano gobierne sobre todos los individuos. A cambio, este soberano (o Estado) garantizaría terminar con el estado de naturaleza al brindar seguridad a la nueva sociedad y permitiría la vida pacifica entre hombres.

En México, el Leviatán no está cumpliendo con todas sus funciones. De acuerdo con la organización Freedom House, México es un país donde no existe libertad de prensa. Los reportes presentados por esta organización (que pueden consultarse en su sitio web www.freedomhouse.org) muestran que México es un país donde no hay libertad de prensa desde el año 2011. En América Latina, esta situación sólo la compartimos con Venezuela, Cuba, Ecuador y Honduras. En este tenor, es posible asegurar que el Estado no ha garantizado la protección a los periodistas, que han sido amenazados por el crimen organizado y por algunos funcionarios públicos desde hace unos cuantos años. La prensa vive ante un temor que la ha orillado a tener que enfrentarse a los peligros o a callar. Mientras tanto, tenemos a algunos servidores públicos que en lugar de cumplir con sus funciones de seguridad, les piden a los periodistas que se porten bien.

De acuerdo con la visión hobessiana, los mexicanos estamos obligados a cumplir con la ley, y si violamos ésta, tenemos que atenernos a la justicia del Estado. A cambio, el gobierno mexicano debe proteger y hacer valer nuestros derechos y garantías. Este pacto nos llevará a tener un país prospero y pacifico, si y sólo si, ambas partes respetan el contrato pactado. Si el Estado no es capaz de garantizar la libertad de expresión de sus ciudadanos, entonces está incumpliendo con su compromiso pactado.

Hoy 3 de agosto de 2015, en México el Estado está fallando. El asesinato del fotoperiodista, Rubén Espinosa, se suma a la lista de 88 periodistas asesinados este año.[1] Y ¿qué hace el Estado? Nada. A Rubén Espinosa no se le garantizó su seguridad y por lo tanto su libertad de expresión. Nuestro Leviatán no está cumpliendo con su parte de garantizarle a los mexicanos una vida pacifica, porque la violación de cualquier derecho humano, en este caso la libertad de expresión, no sólo atenta contra unos, sino contra toda la sociedad mexicana.

El Leviatán tiene que hacer valer la ley, de lo contrario va a generar vacíos de poder, mismos que generarán competencia con otros organismos y nos podría llevarnos a enfrentar a una especie de estado de naturaleza. Ante la falta de un estado de derecho, los mexicanos nos encontraremos descubiertos, y empezaremos a acostumbrarnos a las normas de los sustitutos del Estado (como pueden ser lo cárteles) o ante la necesidad de muchos de buscar justicia por su propia cuenta.

México tiene un grave problema que pone en peligro la libertad de sus ciudadanos y que atenta contra la vida democrática del país. Como ciudadano mexicano, le exijo a las autoridades dos cosas. La primera es que les de la justicia que merecen Rubén Espinosa, todos los periodistas que han sido asesinados al realizar su trabajo, y en general a todos los mexicanos. La segunda es que hagan su trabajo, no les pidan a los periodistas que se callen y se porten bien, y utilicen las herramientas (que ya existen y que si quisieran podrían utilizar) para garantizar la libertad de prensa. Tienen una responsabilidad con nosotros de garantizar nuestra seguridad y nos están fallando.

Por último, me gustaría ver una respuesta similar a la que se dio en Francia ante el atentado a Charlie Hebdo. Autoridades y ciudadanos deberíamos protestar ante los asesinatos de Rubén y todos los periodistas que han caído mientras cumplían con su labor de criticar e informar las realidades que existen en nuestro país.

Hoy por hoy, no voy a callarme y exijo #JusticiaParaRubén




[1] Article 19, “México: Asesinan al fotoperiodista Rubén Espinosa en DF” https://www.article19.org/resources.php/resource/38073/es/México:%20Asesinan%20al%20fotoperiodista%20Rubén%20Espinosa%20en%20DF. (Fecha de consulta: 3 de agosto de 2015).